Las otras madres de Paul y Rubén
Julio 26, 2009 · Noticia en HOSPITAL DE CRUCES

Más de un centenar de profesionales sanitarios atienden la Unidad de Neonatología de Cruces, por la que pasan alrededor de 700 pequeños al año.

Paul acurruca su cuerpecito de poco más de un kilo sobre el pecho de su madre, que no deja de acariciarle la cabeza con todo el cuidado del mundo para no hacerle daño. El pequeño agradece los mimos maternos con un bostezo y una retahíla de muecas que son recibidas por Sonia con un sonrisa de alivio. Sentir el latido de su corazón le tranquiliza. El bebé está metido dentro de su camiseta como si fuese un canguro. «No hay mejor medicina», comentan las enfermeras.

El pequeño Paul lleva más de un mes ingresado en la Unidad de Neonatología del hospital de Cruces. Nació antes de tiempo -a las 26 semanas de gestación- y necesita todos los cuidados que le puedan prestar los más de cien profesionales que trabajan en uno de los centros de atención a prematuros más prestigiosos del país. Médicos, enfermeras y auxiliares controlan cada detalle para que nada falle. La vida de los treinta pequeños ingresados en la unidad de cuidados intensivos e intermedios del centro vizcaíno depende de un complejo y minucioso protocolo en el que no cabe la improvisación.

La situación de los bebés ingresados en prematuros suele ser «muy delicada» y «el margen de error» que tienen los profesionales es «mínimo».

«La mayoría de los niños no llega ni a los dos kilos y cualquier fallo puede tener consecuencias irreversibles en la salud del pequeño», explica la supervisora clínica de la unidad de Cruces y presidenta de la Sociedad Española de Enfermería Neonatal, María García.

Falta de profesionales La muerte del pequeño Rayán, el bebé sietemesino fallecido en el hospital Gregorio Marañón después de que le fuese administrado por vena un medicamento lácteo, ha puesto a los profesionales sanitarios en el ojo del huracán.

Las enfermeras del servicio de neonatos de Cruces están «dolidas» y no lo disimulan. «Somos humanas y nos podía haber pasado a cualquiera de nosotras.

Lo importante es que se pongan los medios para que no vuelva a ocurrir», coinciden.

El ritmo en la unidad es frenético. En una mañana han ingresado cuatro niños. Dos de ellos, gemelos. El incremento del número de embarazos de riesgo por la edad avanzada de las madres, el aumento de mujeres que recurren a técnicas de reproducción asistida y el estrés al que están sometidas durante la gestación han multiplicado los partos prematuros -niños nacidos antes de la semana 37 de gestación- en la última década.

El servicio de neonatos no descansa Arantza, Nati, Amparo, Belén, Aitziber y Ruth no quitan ojo a las incubadoras.

Son parte del equipo de enfermeras y auxiliares que trabaja en turnos de ocho horas en la unidad del centro vizcaíno, dirigida por el doctor Adolfo Valls i Soler.

Atienden a los pequeños con una delicadeza que impresiona. Cada una de ellas vigila a dos bebés en cuidados intensivos, mientras que en el área de intermedios el número de pequeños por enfermera se llega a cuadruplicar. «Lo ideal sería atender a un máximo de cinco niños, pero no tenemos personal suficiente», admite la supervisora clínica. Seis de cada diez niños ingresados en Cruces son prematuros.

Rubén Romero es uno de ellos. Tenía que haber nacido a finales de agosto, pero el embarazo se complicó y vino al mundo hace dos semanas por cesárea. Pesó un kilo. «Era como un pollito», recuerda su padre mientras las enfermeras comprueban que todas las vías que le mantienen con vida funcionan correctamente.

«Los primeros días me impresionaba mucho verlo tan chiquitín y con tantos tubos por todas partes. Ahora estoy mucho más tranquilo, porque veo cómo crece día a día. Es un campeón. Está mejor que en un hotel de cinco estrellas», bromea el padre de la criatura. «Calor y cariño»

Los médicos y enfermeras agradecen las risas en un momento especialmente delicado para los profesionales que trabajan con prematuros. La dimensión mediática que ha tomado el «error sanitario» que acabó con la vida del pequeño Rayán está muy presente. Los padres que tienen a sus hijos ingresados en la unidad de neonatos tampoco son ajenos a la «tragedia» vivida en el Gregorio Marañón, uno de los hospitales punteros del sistema sanitario español.

La madre del pequeño Paul, que se ha trasladado desde Vitoria a Bilbao para poder visitar a su retoño todos los días, reconoce que la noticia la puso «un poco nerviosa». «Te afecta,porque ves que tu niño está en la misma situación, pero entiendo que pueda llegar a pasar. Trabajan bajo mucha presión y son humanas. Yo las veo todos los días y se dejan la piel», asegura Sonia Ruiz de Austri.

Los expertos mantienen que una de las claves para que un niño prematuro salga adelante es darle «calor, calorías y cariño».

c.barreiro@diario-elcorreo.com

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