Enfermos con gota
Mayo 25, 2009 · Noticia en HOSPITAL DE CRUCES

Los enfermos con gota refractaria podrán beneficiarse de nuevos fármacos como el febuxostat, aprobado por la EMEA aunque no comercializado, y pegloticasa, a la espera de aprobación.

La mayoría de los pacientes con gota seguirán controlando la enfermedad con los fármacos disponibles, como alopurinol y benzbromarona, este último de uso exclusivo por reumatólogos y nefrólogos. Pero el grupo de enfermos que no responden a estos tratamientos dispondrán de nuevas alternativas con la reciente aprobación de un fármaco por vía oral que lo hace idóneo para el control de la enfermedad en atención primaria, el febuxostat. Se trata de un inhibidor selectivo de la xantino-oxidasa que se podrá administrar en dosis de 80 a 120 mg con la exclusiva indicación de hiperuricemia en pacientes con gota.

Hay otra molécula sin registrar todavía, la pegloticasa, una uricasa recombinante que en los ensayos se ha mostrado eficaz en el tratamiento de pacientes más graves. Por ello y porque se administra por infusión endovenosa, parece que será de uso hospitalario.

"Estos fármacos, junto a otros que están en fases más precoces de ensayo, son buenas alternativas terapéuticas que estarán disponibles, pero no quiere decir que sustituyan a los tratamientos actuales con los que podemos controlar la gota en niveles muy aceptables", ha explicado a Diario Médico Fernando Pérez Ruiz, FEA de Reumatología en el Hospital de Cruces, de Vizcaya, que se lamenta de que los tratamientos funcionan pero no hay un control estricto de la enfermedad ni en atención primaria ni en especializada, a pesar de que constituye un factor de riesgo de morbilidad y mortalidad cardiovascular, independiente estadísticamente de otros factores como la diabetes, la neuropatía o la hipertensión.

"Hay estudios que muestran cómo ese riesgo cardiovascular sube cuanto más grave es la gota, pero no se hacen los mismos esfuerzos en las políticas de salud que para controlar la diabetes o la HTA", advierte el reumatólogo, que aporta cifras significativas: el riesgo cardiovascular de gota se calcula en 1,8, casi la mitad del inherente a una diabetes mal controlada. "Una enfermedad que puede curarse no debe ser desatendida. Tenemos que tomar en serio la gota tanto las administraciones públicas como los especialistas, los médicos de familia y los pacientes".

El especialista, que ha participado en el XXXV Congreso Nacional de la Sociedad Española de Reumatología, apunta a las nefastas repercusiones que tiene la gota infradiagnosticada. El diagnóstico de certeza se obtiene en apenas cinco minutos -basta con aspirar las articulaciones y observar el líquido en el microscopio- y si aparecen cristales de ácido úrico no hay duda, al menos en formas arquetípicas de enfermedad. "Pero cuanto más grave es la gota, hay menos fiabilidad diagnóstica y más posibilidades de confundirla con otras enfermedades, como la artritis reumatoide o la psoriásica".

Esto ocurre porque ya no se verán afectados sólo el dedo gordo del pie y los tobillos, sino que la gota se extiende a cualquier articulación: rodillas, cadera, codos, manos, incluso a la columna vertebral. "Es sólo cuestión de tiempo", insiste Fernando Pérez, que recomienda vivamente que los enfermos de gota no se limiten a tratar ataques aislados y controlen el ácido úrico.

Un estudio de concordancia diagnóstica llevado a cabo en el Servicio de Reumatología del hospital vizcaíno y el centro de salud de Sopelana confirma estos extremos. Las formas atípicas o más graves de gota no se identifican fácilmente y por ello es muy importante confirmar el diagnóstico.

Imágenes para medir el dolor

Es posible medir el dolor utilizando técnicas de neuroimagen, lo que permitirá ofrecer el tratamiento adecuado para cada paciente.

"Ya se puede ver cómo responde el cerebro ante un estímulo doloroso externo o bien en qué estado se encuentra su cerebro sin recibir ese estímulo doloroso pero sintiendo dolor", ha afirmado Joan Deus Yela, de la Unidad de Investigación de Resonancia Magnética del CRC-Hospital del Mar, del PRBB de Barcelona, durante el Congreso Nacional de la Reumatología.

Las técnicas de neuroimagen se podrán utilizar como pruebas complementarias en el diagnóstico de los pacientes con patología dolorosa y para valorar la posible eficacia de fármacos para su tratamiento.

La medición se efectúa de dos formas: en primer lugar, determinando qué estructuras neuroanatómicas del circuito cerebral del dolor se activan cuando un paciente percibe dolor, y en segundo lugar, cuantificando la extensión de la activación funcional de dichas estructuras cerebrales.

Fuente Diario Médico

 

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