El compromiso del hospital cruces
Junio 01, 2009 · Noticia en HOSPITAL DE CRUCES

Hospital de cruces, otros hospitales y la organizacion Tierra de Hombres devuelven la esperanza de vida a niños necesitados.

Ebi es un niño mauritano de cinco años que ha descubierto el placer de «correr por los pasillos de su casa» sin que su corazón se resienta. El pequeño sufría una cardiopatía imposible de tratar en su país de la que ya está «totalmente recuperado» tras ser intervenido en el hospital de Cruces gracias al programa de atenciones médicas especializadas llevado a cabo por la fundación Tierra de Hombres, dedicada a la defensa de los derechos de la infancia en situaciones de desamparo, guerra o catástrofes naturales.
 
Laetitia (12 años, Togo), Patrick (9 años, Madagascar), Augustine (8 años, Benin),Loubna (9 años, Marruecos) e Izidine (2 años, Togo) vivieron una experiencia similar a la de Ebi, que fue acogido durante tres meses por una pareja de Sestao para que su corazón pudiese volver a latir con fuerza.

La organización selecciona los casos en el continente africano «en función de la gravedad del niño, de la previsión de mejora a corto plazo y de las posibilidades de un correcto seguimiento a su regreso», mientras que el coordinador médico se encarga de elegir el equipo de especialistas más adecuado para cada patología entre todos los hospitales colaboradores.

FATIMETU (6 AÑOS, MAURITANIA)

Enferma del corazón

«Ya no me desmayo cuando corro»
Fatimetu es «pura vida». Habla por los codos y no para quieta un minuto.
Nada que ver con la niña de apenas quince kilos que llegó al aeropuerto de Loiu hace casi un año aquejada de un problema de corazón. «Le tuvimos que comprar una silla de ruedas porque la pobre no podía dar cuatro pasos seguidos.
Se desmayaba», recuerda su familia de acogida. Fati se sometió a la primera operación el pasado mes de octubre en el hospital de Cruces.
El pronóstico de la pequeña era complicado, pero el equipo del doctor Aramendi obró el milagro.

Una segunda intervención en marzo «devolvía la vida» a una niña que es un
«regalo del cielo» para su «amatxu» de Algorta. A Maite Serrano y a su hija Vanesa se les cae la baba con su «bombón de chocolate». «Poder ayudar a niños como Fatimetu es un lujo», aseguran.

La pequeña se ha integrado en la familia «sin ningún problema».
«Cuando llegó se pasaba horas encendiendo y apagando las luces.
Alucinaba con todo. Guardaba la comida porque creía que se iba a acabar y no sabía andar con zapatos...

Nos ha enseñado a ver la vida a través de sus ojos», explica Vanesa, mientras la pequeña la somete a una sesión de fotos con su cámara digital.
«Es una niña muy fuerte. Lo ha pasado realmente mal y jamás se ha quejado.
Al contrario. Es muy consciente de que ha venido a curarse y que va a regresar a su país.

De hecho, en casa le recordamos todos los días a su familia», comenta Maite.
El programa de atenciones médicas especializadas ha cambiado la vida de la pequeña. «Los médicos de Cruces me han curado, pero tengo que volver dentro de seis meses porque me tienen que volver a operar», explica con desparpajo.

A Fatimetu le encantan «la pizza y los macarrones con tomate que hace ama»,
ir a San Mamés, el circo, la playa... «El Olentzero me regaló la equipación del Athletic, un montón de muñecas y dos lauburus», explica de carrerilla. Maite y su marido viven para la pequeña. «La dedicación es total, pero merece la pena», reconocen. Fati ha conquistado a la familia Moreno y a todo su entorno. En unos días, la pequeña volverá a su país de origen.

-¿Te apetece volver a Mauritania?
-Sí, pero todavía no.

Fuente EL Correodigital

*hospital de cruces

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